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No más Lágrimas Por Javier Barajas Jiménez. Una de las promesas mas anheladas es la de apocalipsis 21:4, donde dice que “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” |
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En esta visión al apóstol Juan se le muestra la nueva tierra donde vamos a morar eternamente, ahí en ese lugar no habrá todo lo antes descritos. Seguramente usted ha llorado alguna vez, ¿qué cosas le han hecho llorar? ¿Cuál es el suceso que le ha causado más llanto?, en este momento yo puedo recordar algunos que me lo han causado a mí, ciertamente nadie está exento del dolor, y mucho menos de llorar. Se llora desde que se nace y cuando se muere, este mundo es un lugar de dolor, a veces muchas personas que lloran no encuentran ninguna consolación, no así con el creyente que sabe que en Dios siempre encontrará consuelo, sin embargo no está exento de derramar lagrimas, con todo y aunque sea cristiano. En libro de apocalipsis encontramos al apóstol que lloró mucho. Por mucho tiempo se ha asegurado que el autor de apocalipsis es el apóstol Juan, y esto es verdad, son muchas las pruebas que se ofrecen al respecto, y precisamente a este hombre me refiero cuando digo: “el apóstol que lloró mucho”. Yo he leído innumerable veces el capítulo cinco de apocalipsis, y entre las cosas que llaman mi atención, está el hecho de que Juan haya llorado, sin duda no se lee mucho de esto en las cartas del apóstol Pablo o Pedro o algún otro, el mismo Juan no lo hace en ninguna otra de sus cartas. El llanto es algo natural en nuestra vida, lloramos de alegría, de dolor, de tristeza, y hasta de coraje, es Dios quien nos ha dotado de tan magnifica característica, ¿quién no ha llorado?, hay ocasiones que tenemos necesidad de hacerlo y hasta nos hace bien, sin embargo tal no es el caso de Juan en apocalipsis, su llanto más bien parece de desesperación, ¿por qué digo esto? pues por lo que dice el verso v3, pero es mejor leer desde el verso uno del capítulo cinco. “[1]Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. [2] Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? [3] Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. [4] Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.” Aun en la visión Juan derramó gotas de dolor, pero la razón era porque “no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.” Sin embargo tal dolor se disipó cuando un anciano le dijo “ya no llores” “Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.” (Ap. 5:5). Tal narración es un poco desconcertante, ya que algunos podrían decir: ¿qué Juan no sabía que Dios le iba a revelar el contenido del libro? pero el hecho es que Juan lloró, el pasaje nos muestra la necesidad de que sepamos que el único digno es Cristo. Hay muchas otras razones por las que podemos llorar pero sin duda la más fuerte es la muerte. En Juan 11, tenemos a dos hermanas llorando por su hermano, aquel llamado Lázaro, amigo de Jesús, el cual aunque fue resucitado, mientras estuvo muerto causó muchas lagrimas. Otro de los casos es la mujer a quien resucita Pedro, es decir, Dorcas “Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. (Hechos 9:39) Es la muerte quizá la que más lagrimas causa al mundo entero, y hace sentir tanto dolor al ser humano que muchos no se reponen, cuando un ser querido ha fallecido. ¡Pero todo eso ya no habrá! ¿Alguna vez a imaginado una vida donde nada de eso acontezca? Claro, el cielo. En el cielo ya no existirá nada de lágrimas, porque Dios estará con nosotros y morará con nosotros, jamás se alejará Dios de nuestras vidas ni nosotros de él. La palabra enjugará nos presenta la imagen de una persona limpiando las lágrimas a otra, en este caso Dios a nosotros, es una imagen llena de esperanza, porque aunque en este momento podamos llorar o estemos llorando, podemos aferrarnos a esa promesa. También el dolor, cualquiera que sea, no nos gusta, aun recuerdo cuando me operaron de mi hernia, como dolía la herida, si no me hayan puesto un calmante yo hubiera seguido llamando a la enfermera, he tenido tantos dolores en mi vida, pero sin duda los días que más lo sentí, fue cuando mi niña se quemó su mano, aunque no me había quemado yo, sufría con ella. Cuando ella se enfermó, también me dolió. También cuando mi hermano el más pequeño falleció, después de una semana aun sentía dolor, ¡jamás desesperación o negar a mi Dios! ¡Jamás! Pero si me dolió. ¿Qué dolores ha pasado usted amado lector? ¿Muerte? ¿Enfermedad? ¿Desprecios? Pues déjeme decirle que ¡no más lágrimas! Llegará el precioso y anhelado momento en que el Creador del universo, nos limpiara nuestras lágrimas. No importa que tan grande sea el clamor o el dolor, y lo doloroso de la muerte, ahora en este preciso momento Dios es “Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones…” (2ª Co. 1:3-4). ¡Qué magnifico consuelo ofrece esta visión! no sólo a los que cayeron en en el tiempo en que Roma los perseguía, sino también a nosotros en pleno siglo (cualquiera que sea). Con el pecado llegó la muerte y con ello el dolor, pero Cristo nos redimió del pecado y nos dio una esperanza, además tenemos un consolador, paciencia hermanos, paciencia, ese momento de ver a Dios indudablemente que llegará.
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